—Sí.
Estaba a punto de decir algo más cuando él añadió en voz baja: —No puedo evitarlo. No puedo evitar querer acercarme a ti, ser bueno contigo, y.… además provocarte.
Es cierto, si el amor pudiera controlarse, nadie, desde los humanos hasta los dioses, se habría librado de él.
No supe qué decir por un momento. Quedé atónita, Sergio me soltó y dijo: —Vuelve a tu habitación y bebe mucha agua. Si necesitas algo, llámame.
Después de decir esto, me soltó y señaló mi bolso: —Dame, la tarjeta de la h