"El descaro no tiene límites".
Esa frase cruzó por mi mente al ver a Beatriz acercándose.
Alguien que ha sido la otra, si tuviera un mínimo de ética, evitaría a la esposa legítima. Pero en estos tiempos, la gente ya no tiene vergüenza. ¡Parece que quiere presumir, demostrar que es mejor en todos los aspectos!
—Sara, qué coincidencia, ¿también vienes a cenar? —me dijo Beatriz, aunque sus ojos se desviaban hacia Sergio.
En realidad, desde que se acercó, no había apartado la mirada de él.
No quier