Desde que dejé de verme obligada a practicar caligrafía con Gabriel, ¿por qué escribiría por mi cuenta?
A pesar de mi edad, soy como una estudiante de primaria: si puedo evitar el esfuerzo, definitivamente lo haré.
—No te preocupes, escribe con confianza. Como sea que salga, está bien —me animó con agrado Gabriel, acercándome más la pluma.
¿Cómo podría seguir rechazándola?
Aunque ya había sostenido la pluma cuando la compramos, al tomarla esta vez, claramente sentí que pesaba muchísimo más.
Tal