Revisé el calendario y noté que faltaban tres días para el cumpleaños de Gabriel.
No sería apropiado hablarle de este tipo de asuntos en su día, no quiero arruinarle su celebración. Así que decidí adelantarme para entregarle su regalo, y así tampoco tendría que ir el día de su cumpleaños.
Sin embargo, antes de poder ejecutar mi plan, Alejandro vino apresurado a buscarme.
No lo había visto desde que dejamos el parque de diversiones, y casi no lo reconozco al primer vistazo.
—¿Acaso no me reconoce