Leonardo sí que es ostentoso, no le preocupa para nada que lo denuncien por sus andanzas en el bajo mundo.
Como Leonardo estaba de visita, no podía acercarme en ese momento, pero tampoco quería volver a la habitación de Mariana, así que fui al pequeño jardín del hospital.
—Señorita, ¿juega conmigo a la pelota?— Tan pronto me senté en una banca, una niña de unos tres años se acercó corriendo, mirándome con ojos llenos de ilusión.
La verdad es que no quería jugar, pero no pude rechazarla con esa