Dos semanas después.
Adele.
―Hoy es el día en que se hará la presentación―me recuerda la anciana nodriza y yo asiento con la cabeza―y tu gran prueba, además―me señala, lo que hace que sienta frío de repente, temblando de pie a cabeza.
―Ya verá que no tendrá ningún tipo de queja de mí, sino todo lo contrario―le aseguro y ella suspira con pesar.
―Lamentablemente, soy muy vieja para ir a la ceremonia―me indica con tristeza―pero sé que mi pequeño lo hará muy bien, tal y como lo hizo su padre y