Richard
No estaba seguro de haber hecho lo correcto. Mientras me alejaba de la mansión de Priscilla, apreté ligeramente el volante, reviviendo mentalmente todo lo que acababa de suceder. Aún podía ver su rostro, cómo se le llenaban los ojos de lágrimas, cómo me rogaba que no me fuera.
Sabía cuánto me amaba. Eso era algo que jamás podría negar. Se quedó a mi lado incluso cuando le di motivos de sobra para que se marchara. Soportó mi estilo de vida, mis errores, las incontables veces que me pilló