MARCUS
Llevaba horas sentado en mi sala, con el portátil abierto sobre la mesita que tenía delante. Papeles, cuadernos y varios números de teléfono estaban esparcidos por todas partes.
Estaba ocupado buscando a un buen experto en informática.
Alguien que pudiera examinar ese horrible vídeo.
Alguien que pudiera demostrar que era falso.
Me frotaba la frente con los dedos mientras la tensión crecía lentamente en mi pecho. Cada vez que recordaba la voz llorosa de Marcella cuando se enteró de que le