Había pasado un día sin noticias de la pequeña. Habían recorrido varios orfanatos de alrededor pero San Francisco era inmenso y Estados Unidos, aún más. Ya habían dado parte a la policía y los hombres de la Bestia no habían parado de investigar. Todos estaban trasnochados y la desesperación pintaba cada uno de sus rostros. Nadie había encontrado nada. Sam sentía una apretazón en el pecho y lo único que hacía era llorar. Marcos no estaba mejor.
Samantha no quería aceptar la realidad. Jamás acep