El estruendo resonó en el comedor de la casa Montenegro al entrar Marcos. Parecía que había entrado un tornado en el lugar y no un hombre común. Marcos recorrió la estancia y comprobó todas las expresiones. Patricia se había quedado con la cucharilla de camino a la boca, Eduardo tenía un cabreo de primera pues lo que menos que le gustaba era que le interrumpieran cuando estaba comiendo, según él había dos cosas sagradas: el sueño y la comida. Con ninguna de las dos se jugaba.
Alejandra parecí