Dos días después Marcos parecía alma en pena por la empresa. No se concentraba en nada, sus pensamientos solo eran para la mujer que estaba al otro lado del océano. Quien le había colgado el teléfono las mil y una vez que él la había llamado.
Al otro día de Sam irse, se reunió con Eduardo y contó todo lo que había pasado. Omitió la parte de que era su suegro por su propia seguridad y más aún, por la seguridad de Eduardo. Pues aunque el dueño de Montenegro Co. estaba como un roble, ya tenía sus