Después de horas de caminar sin rumbo fijo, Sam se sentía igual o peor. No era capaz de creer que Marcos la hubiera utilizado de esa manera. Que todas sus palabras fueran mentira y que las extraordinarias caricias solo fueran falacias. Le resultaba increíble que hubiera hecho todo eso por una venganza que tenía de absurda hasta el nombre. No quería ser una cobarde pero sabía que su corazón no sanaría si no se alejaba de él. De su cuerpo, de su presencia, de ese pobre amor que decía que le tení