Los días fueron pasando entre avasalladores besos y calientes caricias. Cada vez era más complicado no ceder al deseo que regía sus cuerpos. Un mes exacto fue lo que habían acordado. El máximo tiempo que tendrían antes de ceder a la locura de la lujuria. Pero bendita locura.
Hubo una ocasión que habían llegado un poco más allá. Las caricias se había extralimitado y Sam había terminado con los labios hinchados, la vista turbia y la falda subida hasta la cintura. La mirada que Marcos le había da