Esa noche al acostarse Sam no puso la almohada en el centro de la cama. Pensaba que ya había respeto suficiente para que Marcos no saltara a la primera de cambio. El baile bajo la lluvia le había demostrado que confiaba en él muy a su pesar. Y nadie podía negar la atracción inevitable que existía entre ellos. Había sido un momento bien bonito. Marcos le había demostrado que era un excelente bailarín. Permanecieron bajo la fina llovizna durante tres canciones más, completamente empapados pero b