A pesar del cansancio acumulado y de tener en la punta de los dedos un contrato que aligeraría las cosas por lo menos por dos años, Sam no podía dormir. Samantha había puesto una almohada como barrera y se había acostado en el lado derecho mirando el techo. Se había puesto un vestido ligero aunque le resultaba bastante incómodo. Marcos la había mirado divertido, cuando contempló todos los esfuerzos que había hecho por mantenerse alejada de él.
— ¿Piensas que soy el lobo feroz y tu la caperucit