Después de un almuerzo tardío y de haberse quitado el agua salada de sus cuerpos, Samantha y Marcos se marcharon del hotel. Eran casi las seis pero parecía más tarde debido a las nubes negras que coronaban el cielo.
Ciertamente la felicidad regía sus rostros por el contrato millonario que habían logrado y el merecido descanso que habían obtenido. Solo quedaba una duda en el horizonte. Una duda que había sido la causa de múltiples desvelos. ¿Quiénes eran los causantes del robo? ¿Quiénes se había