CAPÍTULO 66:
LA MAÑANA ANTERIOR
La sala de interrogatorios era demasiado brillante. La luz fluorescente zumbaba en el techo, constante y cruel. Le robaba el color al rostro de Camilla y hacía que el rímel corrido de ayer pareciera grietas en pintura seca. Sus manos estaban esposadas a un anillo metálico en la mesa, temblando tanto que apenas podía pensar.
Su abogado de oficio se inclinó más, bajando la voz. Parecía joven. Cansado. Como si ya supiera cómo terminaría esto.
—Con su confesión —dijo