Capítulo 61. Epílogo.
El rumor del océano Pacífico acariciaba la base del acantilado en Malibú, mezclándose con el murmullo del viento entre las buganvilias, los olivos y los jazmines que vestían las terrazas de la casa.
La propiedad, concebida con maestría arquitectónica por Maya, era un refugio de piedra clara, maderas cálidas y enormes ventanales abiertos al horizonte.
No existía allí rastro alguno de la frialdad que en el pasado había marcado a la estirpe; cada rincón vibraba con vida, desorden infantil y luz.
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