*—Damien:
¿Qué había estado pensando al aceptar la descabellada idea de Layonel?
La cabeza de Damien fue hacia atrás, golpeando el reposacabezas de su vehículo.
No podía creer que tal idea hubiera salido del ingenuo Layonel. ¿Nalgadas? Aún no podía superar lo que había hecho.
La vista de Damien fue hacia su mano derecha, la cual aún sentía escociendo.
Las nalgas de Layonel siempre habían sido del agrado de Damien, eran llenas y de un color pálido. Cuando lo revisaba los domingos, las ganas de t