5.Oportunidades.

La reunión no fue suficiente para convencer a los encargados del centro comercial, no después de todos los artículos especulando sobre la reputación de la empresa. La no tan mala idea de Christian resultó ser organizar una comida para ellos, una cena que los hiciera notar lo bien que le iba a la compañía al igual que su compromiso con el proyecto. Había sólo un detalle inesperado.

-Luisa llevará a su nuevo novio. -dijo Christian en la mañana, jugueteaba con sus manos nerviosamente. -Y quería saber si… podrías ir conmigo. Todos asumirán que eres mi pareja, sólo te pido que no los corrijas, por favor. No quiero parecer un perdedor mientras ella continúa con su vida, le deseo lo mejor, de verdad, pero aun así es incómodo.

-Yo…-comencé a punto de negarme, entonces vi esos claros ojos prácticamente rogándome y cambié de parecer. - ¿Qué debería usar?

-Podemos comprar algo, dudo que hayas empacado un vestido de noche para un viaje de trabajo… Será un evento pequeño y tenemos hasta el domingo para conseguir algo, así que no te preocupes por nada ¿está bien?

Asentí, no esperaba quedarme tantos días en Quito, mucho menos cuando la ciudad me gritaba que la explorara y no podía hacerlo; entre el trabajo y mi venganza no me quedaba tiempo para nada.  Además, cualquier momento estaría irremediablemente teñido de tristeza, la ausencia de mi querido Toño se sentiría más evidente en cada lugar donde debimos ir juntos. Le temía a esa sensación de vacío, le rehuía lo más posible, quizás si escapaba lo suficiente nunca me alcanzaría.

Comprar un vestido en cambio podía hacerlo sin problemas, siempre y cuando no hubiera vestidos de novia ahí. Nunca se lo dije a nadie de mi familia, pero dos días antes de que mataran al amor de mi vida había comprado por fin el vestido perfecto para la boda. Existen pocas cosas tan dolorosas como regresar un vestido blanco, esa prenda perfecta que debería completar el cuadro del día más feliz en la vida de una pareja de enamorados. Nada más me aseguré de que el vestido no fuera blanco.

Los siguientes días estuvieron llenos de actividad, en la compañía volvían a verse empleados corriendo por los pasillos dándole al edificio la apariencia de un hormiguero sobrepoblado. La campaña publicitaria de Luisa estaba dando resultados y los clientes se mostraban menos inseguros. Aun así el señor Daleman se mostraba inconforme con nuestro trabajo, para ser precisos parecía detestar la forma en que Christian manejaba todo el asunto, los escuche en varias ocasiones peleando por teléfono hasta llegar a los gritos.

- ¡Te falta el instinto asesino para el negocio! ¿Por qué eres tan blando? -vociferaba Daleman, tan fuerte que podía escucharlo sin acercarme al auricular. -Si perdemos el centro comercial será tu culpa y sólo tu culpa.

- ¿Mi culpa? Estoy arreglando algo que pasó hace años, ¿recuerdas quien era el encargado de adquirir esa propiedad, padre? Tu. No te quejes por cómo limpio tu desastre. Por una vez en tu vida mantente al margen y déjame encargarme...

-Señor, lo busca el señor Daniel. -dije, era obvio que necesitaba un descanso y Daniel llevaba varios minutos esperando en el pasillo fingiendo no escuchar los gritos afuera de la oficina temporal de Christian. -Es sobre el centro comercial, parece que están dispuestos a negociar.

- ¿Esa es tu secretaria? Sabía que me harías caso, todo gran empresario necesita una bonita secretaria a su lado.

-Si, padre, es mi secretaria. Ahora si me disculpas, debo ver a Daniel. Que tengas un buen día.

Dicho eso colgó el teléfono con más fuerza de la necesaria.

-Gracias por salvarme. -me dijo, antes de salir sin esperar una respuesta.

Era raro, cada vez que decía algo así sentía una calidez olvidada en lo más profundo de mi alma, un sentimiento que exigía volver a la vida. Me había prometido que Antonio sería mi único gran amor, de no ser por Daleman habría prometido pasar el resto de mi vida a su lado… entonces ¿porqué sentía ese naciente afecto por Christian? Debía ignorarlo, no podía enamorarme, no estando tan cerca de la meta, mucho menos de un Daleman. Nada bueno saldría de eso.

Aproveché el momento de tranquilidad para acomodar los papeles sobre el escritorio y lavar su termo, pronto me pediría su segundo café del día. Nunca había tenido problemas manteniendo una relación profesional, “esto no debería ser diferente” pensé. La sala de descanso no estaba vacía, Luisa y un señor alto, de cabello grisáceo y fríos ojos azules platicaban sentados a la mesa. Ambos vestían de traje, ella de color azul cielo y él gris oscuro. Intenté ignorarlos y limitarme a servir el café.

-Jaime, entonces ¿iras conmigo a la fiesta? -Luisa sonaba insistente, quizás no era la primera vez que preguntaba.

-No lo sé, ¿no será incómodo? Christian no sabe de nosotros, ¿acaso no es mejor que se entere en un entorno más privado? Después de todo, su ex y su tío están saliendo, de seguro provocará preguntas…

¿Su tío? Oh… diablos. Ni siquiera sabía que el hermano del señor Daleman regresó a la compañía. Jaime Daleman, la oveja idealista de la familia, y por idealista quiero decir que diez años atrás estuvo muy involucrado en movimientos sociales y actos de caridad. Tres veces divorciado, los reporteros lo adoraban por todo el drama que causaba a donde fuera. Siempre creí que era el puesto perfecto de su hermano. Y ahora salía con Luisa. Recordaba esos lejanos tiempos cuando sentía que mi familia era muy complicada, vaya error.

-Espera ahí, secretaria Guerra. -dijo Luisa sacándome de mis pensamientos como un balde de agua helada. - Pequeña rata entrometida, ¿se lo contarás a Christian? Imagino que eso te ganará su buena voluntad.

-No necesito chismes para ser buena en mi trabajo, señora Montemayor. -repliqué. -Tampoco es mi lugar estar al pendiente de sus exparejas. Soy una secretaria, no un perico.

-Entonces, ¿guardarás mi secreto?

-Jamás dije eso.

- ¿Qué quieres a cambio?

“La cabeza del señor Daleman en bandeja de plata” pensé.

-Mi silencio no está a la venta, si el señor Christian pregunta le diré la verdad. -ante mi respuesta Luisa resopló, Jaime sólo la miró con afecto. -Si no pregunta, entonces usted tendrá el gusto de decirle.

Regresé a la oficina, donde Christian me esperaba a punto de pedirme su café, dejé el termo con su contenido humeante ante él. Si no tuviera ciertos motivos para trabajar ahí de seguro le diría, no parecía una mala persona, no merecía recibir esa noticia de sorpresa. Luisa quien más me preocupaba molestar, mientras tuviera el secreto de mi lado estaba a salvo de ella. No dije nada aun cuando quería decirle todo.

-Hoy vino mi tío a la compañía, necesitaré una reservación a la hora de la comida. También si pudieras revisar estos archivos, sólo busca posibles problemas. -Señaló una pila de folders que parecía a punto de caerse. - Yo no voy a regresar después de la comida así que puedes irte temprano, si quieres llévatelos al hotel, pero asegúrate de regresarlos todos.

-Si, señor.

-De verdad haces mi vida más sencilla, no sé qué haría sin ti Rachel.

Ese comentario me hizo sentir mal por horas, aun tras hacer la reservación y pasar un par de horas leyendo los archivos y separándolos en tres pilas. Maldito corazón que se negaba a dejarme tranquila. Frustrada por la dirección de mis pensamientos recogí los papeles por revisar, mi portafolio y salí de oficina. Eran las cuatro de la tarde, no había muchas personas en ese piso. Entonces vi a Luisa salir de su oficina, a medio pasillo de distancia, gritándole a su teléfono celular. Bajó corriendo las escaleras tras esperar por medio minuto al ascensor, quizás ni siquiera notó que dejó la puerta abierta…

Entré, su oficina era opuesta en todo a la de Daniel, estaba amueblada con estilo minimalista, sólo había el mínimo necesario de papeleo y su computadora resaltaba en el vacío escritorio. Sabía que debía limitarme a esconder el micrófono, pero me ganó la curiosidad, además quizás nunca habría una ocasión semejante para revisar su computadora, ella salió con tanta prisa que olvidó apagarla. En vez de perder tiempo checando todo hice una copia de sus correos y archivos que pasé a computadora portátil. Guardé mi laptop en el portafolio con manos temblorosas, escuchaba mi corazón latiendo a máxima velocidad, recogí los papeles y salí de la oficina. Nadie me detuvo de camino a la salida, no fue hasta después que recordé el micrófono, olvidado sobre el escritorio donde seguramente sería descubierto en cuestión de segundos.

Ese descuido me mantuvo despierta hasta tarde, no tenía sueño, dormir sería imposible si me seguía preguntando si en verdad fui tan tonta como para olvidarlo en un lugar tan visible. Pensaba en mil y un escenarios posibles cuando escuché un golpe en la puerta.

-Rachel… ayuda… mi llave no funciona. - dijo Christian, su voz pastosa y rara. -Ra chel Ra Ra… secretaria Gueeeeeerra….

Abrí la puerta, sólo necesité inhalar una vez para entender la situación. Su aliento apestaba a alcohol, llevaba el traje arrugado, la corbata amarrada alrededor de la mano izquierda y se movía de un lado al otro al son de una tonada imaginaria.

- ¿Puedo pasar a mi cuarto? La llave no funciona. -levantó la mano y me enseñó su teléfono.

-Esa no es su llave, señor. -respondí conteniendo una risita. Se veía adorable con las mejillas sonrojadas.

- ¿No?

-No, pero puede pasar.

Me aparté para dejarlo entrar, dio un par de pasos, pero la gravedad tenía otros planes, tropezó y se dejó caer al suelo frío a pesar de la alfombra que lo cubría. Cerré la puerta, se recargó contra ella con los ojos cerrados.

- ¿Se encuentra bien, señor? ¿Puedo traerle algo? ¿Café? ¿Una aspirina?

-No y no gracias. Nada más necesito dormir y olvidar.

-¿Qué necesita olvidar, señor? - esta vez no preguntaba para obtener información, estaba de verdad preocupada por él.

Se tomó su tiempo antes de contestas, pensé que no iba decir nada, estaba a punto de seguir con mi trabajo cuando lo oí murmurar.

-Mi tío y Luisa… son algo, pero no es todo… ella me engañó antes de la prueba, ahora que lo pienso coincide con una visita de mi tío. Supongo que toooooodo se queda en familia ¿eh? Ni siquiera puedo culparlos, sólo me gustaría que… no, es una tontería.

-Dígamelo, prometo que si es una tontería lo olvidaré. -aseguré. Mientras él hablaba me había sentado a su lado, ahora nuestras piernas se rozaban al igual que nuestros hombros.

-Me gustaría no quedarme sólo. Que alguien me ame como soy, ¿sabes? No por ser un Daleman o alguien importante con dinero.

-Quiere a alguien capaz de amarlo por ser sólo Christian. -resumí.

-Exacto, sólo Christian.

Nuestras miradas se encontraron, su rostro estaba a escasos centímetros de distancia, tanto que podía sentir su respiración contra mi piel. Sus labios estaban tan cerca, sólo necesitaba estirarme un poco para besarlos en contra de mi mejor juicio. “Está borracho, jamás escogería a alguien como tú” dijo esa horrible voz en mi cabeza que tenía toda la razón. Me aparté un poco. Él no lo notó, comenzaba a cabecear un poco, no tardaría mucho en estar profundamente dormido.

-Señor, no debería dormir ahí, le dolerá la espalda mañana. -la recomendación fue ignorada,en cuestión de minutos Christian se acurrucó contra la puerta y comenzó a roncar. -Bueno, al menos le advertí, no podrá culparme mañana cuando le duela todo.

Seguí trabajando con los papeles, no me sorprendió notar que la mayoría de los tratos eran cuestionables en el mejor de los casos. Conocer el lado oscuro del señor Daleman me impedía ver esas inconsistencias como simples coincidencias.

Al prepararme para dormir miré hacia donde mi jefe dormía, nunca había notado lo tenso que se veía despierto, llevaba sobre sus hombros el peso de la compañía y de las expectativas de su padre. Movida por un impulso quité el edredón de la cama y lo cubrí con la pesada cobija. “Al menos no pasará frío” pensé.

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