Dimitri entró al despacho y vio a su hermano con la mirada perdida, Dimitri no era tonto. Sabía que esa niña tocó el corazón de su hermano, por mucho que Dante lo negara, no podía ocultarlo.
—¿Estás bien? — Dante le miró y asintió. —No puedes engañarme, Dante, te conozco.
—No sé que me pasa, pero su partida me ha dolido en el alma. — confesó. —No sé que hacer.
—Buscarla. — dijo obvio. —Búscala y está vez conócela con citas, como una pareja normal. — Dante sonrió.
—Sergey no querrá que se acerqu