Mundo ficciónIniciar sesión—Está bien, no molestaré. Ahora baja eso que me pones nervioso –dijo volviendo al pasillo y cerrando la puerta con el pie, profiriendo una protesta—¡Qué amargado!
Santiago le miró marcharse, dejó el abrecartas de nuevo en la gaveta y volvió a su estado de ensimismamiento absoluto. Por lo menos en esos escasos momentos de paz, como ese instante, podía permitirse volver a pensar en sus dilemas personales. Había estado cavilando casi toda la noche, recapitulando el asunto y acomodándolo







