La pobre Sally no podía seguir sus órdenes ni aunque quisiera. Con Neil golpeándole la cara y Ned ahora manoseándole las tetas mientras ponía todo su peso en embestir su coño, Sally apenas podía hacer mucho más que gemir y babear.
Se aferraba a la alfombra, su cerebro rebotando dentro de su cráneo mientras ellos la usaban. La follaban como a una muñeca de trapo.
Una Sally aullante sentía un dolor inimaginable mientras los hermanos se turnaban para follársela, alternando entre sus agujeros.
"Los