Janet jadeaba con fuerza, los ojos inocentes vidriosos por las lágrimas que se negaba a dejar caer. Su voz salió temblorosa pero venenosa.
—Eres el diablo —escupió, las palabras cargadas de agonía—. Un hijo de puta que no sabe cómo tratar a las mujeres. Encontraré una forma de alejarme de ti. Lo juro.
Cuando apretó los dientes para reprimir un gemido, sus tetas subiendo y bajando mientras un torbellino de emociones la invadía, la polla de Vincent se contrajo con fuerza dentro de ella ante su de