¿Sin fiesta?
¿En serio?
Eso no era propio de El Padrino en absoluto. Nadie estaba más obsesionado con mantener las apariencias que él.
Querido Dios, ¿pretendía acabar con su vida personalmente?
Ni siquiera Candice se atrevió a objetar dos veces.
—Sí, papi —dijo con humildad, recogiendo apresuradamente su vestido y zapatos antes de que Jax la sacara del salón.
—Haremos tus excusas por ti, Padré. Disfruta —dijo Jax, cerrando las puertas detrás de él al salir también.
Así de simple, por primera ve