Como sus bolas golpeaban su clítoris, sus jugos cubriendo su polla y sus huevos, Antonio no pudo evitar sonreír con suficiencia, esperando que su esposa muerta estuviera mirando desde el cielo, viéndolo profanar a su hija puta.
El cuerpo de Teresa apenas podía soportar las embestidas agresivas, pero su coño lo adoraba. Finalmente en paz con la polla de su papá dentro de ella, no le importaba si la follaba hasta la muerte.
Perdóname, madre. Descansa en paz mientras papá folla mi coño.
—Pide más,