No pudo evitarlo. Su coño era simplemente demasiado bueno para follar. La volteó sobre su estómago, le levantó las caderas tan alto que sus rodillas se despegaron de la cama y su cara se estrelló contra la almohada.
«Tómalo para papá en ese culo virgen apretado», dijo, ebrio de poder, incapaz de resistirse a reclamar también esa primera vez.
Le separó las nalgas de un tirón, le metió los dedos rápidamente en el ano mientras Diane se retorcía.
«No te contraigas, joder», gruñó, y luego embistió d