No pudo evitarlo. Metió la mano debajo de ella y frotó con saña su clítoris hinchado y palpitante en círculos apretados y punitivos mientras le azotaba el culo sin parar.
«¡Papi! ¡Papi! Duele. ¡Joder, duele tan bien! ¡Fóllame más!», rugió ella.
Ahora convertido en su humilde sirviente, Cain siguió follándola, obligándola a tener tres orgasmos explosivos más que la hicieron chorrear.
La follada la dejó convertida en un tembloroso desastre empapado de semen, meados y chorros. Su ano soltaba pedos