Archie la miraba fijamente, su rostro endurecido por la ira porque ella lo ignoraba. Kiara, por su parte, mantenía la cabeza baja, limpiando con fuerza el mueble. Sus nudillos se blanqueaban por la tensión. —¿Qué haces aquí? Te estoy haciendo una pregunta, deberías estar en la clínica —espetó Archie, con un tono de voz cortante como un cuchillo, pero Kiara no respondió. Solo siguió limpiando, tratando de ignorar la presencia de aquel hombre que había destrozado su corazón y no puede dejar de pen