Arthur pasó el resto de la tarde lleno de amargura, pero concentrado en su trabajo, hasta que su móvil sonó y al ver la pantalla se dio cuenta de que era Rebeca.
—Estoy ocupado —le responde sin dejar de mirar su laptop.
—Mi amor, ¿Qué tienes? En este poco tiempo he aprendido a conocerte.
—Estoy cansado, eso es todo.
—No quieres compartir conmigo lo que te sucede, tranquilo mi amor. Ya terminé mi labor, ¿pasas por mí y voy por ti para ir a cenar?
—Esta noche no, me siento cansado, nos vemos maña