Con las manos vacías

—¡A mí oficina!— ordena Villarreal y Tamara esboza una sonrisa ladina, mientras que Leticia no comprende lo que está pasando —¡Leticia!

—Sí señor...

—un café sin azúcar— continúa caminando hacia el ascensor

—yo también quiero, pero con azúcar— exige Tamara y Arthur la voltea a mirar, una mirada que Leticia conoce perfectamente

—lo siento... Pero no podré darle señora, es solo para él jefe y empleados— se atrevió a decir Leticia y Arthur se ahorró de humillar a Tamara. Se vuelve a girar e ingr
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