La mañana llegó, el sol resplandecía, el canto de las aves era hermoso, de repente Elizabeth recordó que era el día de volver a ver cara a cara a David y todo lo que por años había tratado de dejar atrás.
Se levantó y entro al baño para tomar una tibia ducha, salió y como siempre un elegante guarda ropa la esperaba, escogió un traje Chanel y unas sandalias altas, peino su cabello se maquilló y bajo. Estaba lista para salir, no podía negar que está hecha un manojo de nervios, pero debía controla