95. Tras las sombras del garaje
El eco de los zapatos de cuero de Richard resonaba cada vez más cerca mientras bajaba las escaleras de hormigón. Elara sentía que el corazón se le iba a salir del pecho.
—¡Jaxon! Suéltame —siseó Elara, presa del pánico, empujando los hombros del hombre con todas sus fuerzas.
—Cállate —susurró Jaxon con una calma pasmosa. El hombre no parecía asustado en absoluto. Sus fuertes manos agarraron la cintura de Elara y la levantaron de su regazo en un rápido movimiento.
Jaxon hizo girar el cuerpo de El