84. Una huida a tiempo
—¿Esta noche? —la aguda voz de Elara, cargada de pánico, rompió el silencio del auto—. ¿No se habían ido de vacaciones a Aspen por una semana entera?
Jaxon no respondió de inmediato. El hombre arrojó su teléfono al asiento trasero y giró la llave de contacto al instante. El motor V8 del Dodge Charger volvió a rugir con ferocidad, cortando el viento nocturno del puerto.
—Ponte el cinturón de seguridad —ordenó Jaxon con firmeza. Su rostro se volvió sumamente serio.
—Jaxon, respóndeme —insistió El