83. Una corona para la chica
La brisa marina que soplaba esa noche en el muelle 47 se sentía mucho más fría de lo habitual. El olor a salitre se mezclaba con el aroma de la gasolina de alto octanaje y la goma quemada de los neumáticos. Cientos de personas se agolpaban detrás de la barricada formada por barriles de metal. La música hip-hop, con unos bajos ensordecedores, resonaba desde los gigantescos altavoces en las esquinas de la pista.
Elara estaba sentada en silencio en el asiento del copiloto del Dodge Charger negro d