81. El taller y la camiseta gastada
Los ojos de Elara quedaron clavados en el pequeño objeto que refractaba la luz de la lámpara del comedor. Era el pendiente de diamante que Jaxon le había regalado; uno de los que él mismo le había colocado en su habitación hacía apenas unos días. Por instinto, Elara se llevó la mano a la oreja derecha. Estaba vacía. El pendiente debía de haberse soltado cuando su cuerpo rozó el sofá de la sala la noche anterior. Elara sintió como si el corazón se le desplomara hasta el fondo del estómago.
—He e