74. La adaptación del demonio
Elara contuvo la respiración. La luz de la linterna de Martha barrió el suelo de la cocina a escasos centímetros de la punta de sus zapatos. Su corazón latía con tanta fuerza que estaba segura de que la anciana al otro lado de la encimera podía escucharlo.
El cuerpo de Jaxon la apretaba contra los armarios de la cocina. El amplio pecho desnudo del hombre se pegaba al pijama de algodón de Elara. El calor que irradiaba la piel de Jaxon hacía que el aire en aquel estrecho espacio se sintiera cada