72. El comienzo de una rutina secreta
El ambiente en la mansión Thorne aquella noche era de un silencio sepulcral. Los pasos de Elara resonaban sobre el suelo de mármol del vestíbulo principal. Richard y Sarah seguían en Aspen, dejando aquella inmensa casa sumida en una incómoda quietud.
—¿Acaba de llegar, señorita Elara?
La fría voz de Martha detuvo a Elara al pie de la escalera. La veterana sirvienta estaba allí de pie, sosteniendo una bandeja de plata. Sus ojos escudriñaron a Elara de arriba abajo.
—Sí, Martha. Tuve una clase ex