14. Ecos de mentiras y sangre en el saco de boxeo
Los pasos de las botas de Jaxon se alejaron resonando, desvaneciéndose detrás de las puertas dobles del comedor que se cerraron tras él.
En la cabecera de la mesa, Richard Thorne permanecía rígido, con el pecho subiendo y bajando. El rostro del hombre de mediana edad, que antes estaba enrojecido por la ira, ahora se tornaba lentamente pálido como la cera. Agarró su copa de cristal con una mano que le temblaba violentamente y se bebió el resto del vino tinto de un solo y brusco trago, intentando