114. La ruina al filo de la noche
El nombre de Vanessa resonaba en la cabeza de Elara como un disco rayado. La respiración de la chica se aceleró. Se giró hacia Jaxon con el corazón latiendo desbocado.
El rostro del hombre no mostraba una ira explosiva. Jaxon permanecía completamente inmóvil en el centro de la habitación. Su mirada vacía estaba fija en el suelo del hospital. La calma absoluta que irradiaba hacía que el aire en la habitación helara hasta los huesos.
—Esa mujer es tu compañera de trabajo, ¿verdad? —sollozó Sarah.