111. Horas extras bajo la tormenta
El auricular del teléfono se sentía tan frío como el hielo en la mano de Elara. La orden de Jaxon acababa de hacer eco en sus oídos.
—¿Horas extras? —preguntó Elara en voz baja. Su corazón volvió a latir desbocado—. Pero la señorita Vanessa me acaba de pedir que reserve una mesa en el restaurante para la cena de ustedes dos de esta noche.
—Cancela esa reserva ahora mismo —respondió Jaxon al otro lado de la línea, sin dudarlo ni un segundo—. No voy a ir a ninguna parte esta noche. Y tú tampoco.