Carol escuchó su nombre. Era la voz de un hombre. Parecía venir de muy lejos. No quería abrir los ojos. Había algo terriblemente mal. Algo inquietante que sabía que no quería afrontar, pero no podía recordar qué era. Tenía la sensación de que si levantaba los párpados vería o recordaría un suceso terrible.
—Carol.— Esta vez, la suave voz de su madre acompañó un ligero toque en su mejilla.
Un momento después, el olor acre del amoníaco atacó sus fosas nasales. Tosió y abrió lentamente los ojos mi