DIÁVOLO III. CAPÍTULO 7. Un pozo muy hondo
DIÁVOLO III. CAPÍTULO 7. Un pozo muy hondo
Y aunque aquella pregunta la hizo mirando directamente a los ojos de Aurelio, quien le respondió entregándole un vaso de licor fue Adriano, que intentaba por todos los medios aguantarse los pensamientos para que no afloraran a su cara como margaritas.
Aquellos dos iban a acabar matándose de alguna manera, pero había más tensión entre ellos que entre don átomos a punto de crear un desastre.
—Eso tampoco lo sabía —determinó Renzo, cuya única función pare