DIÁVOLO II. CAPÍTULO 20. La única piedad
DIÁVOLO II. CAPÍTULO 20. La única piedad
La poca ropa que le quedaba desapareció entre caricias apresuradas, y cuando Eyra sintió la humedad de su sexo rozando la erección de Adriano, la sensación fue tan abrumadora que no pudo evitar morderse el labio inferior, intentando contener los gemidos que amenazaban con escapar.
—¡Te gusta! —casi la acusó él mientras liberaba sus manos para acariciar sus pechos.
—Estoy segura de que no se me nota… —susurró ella haciéndolo sonreír.
—Casi nada —siseó él