Mundo ficciónIniciar sesiónCRISTINE FERRERA
El auto de Eliot era una bestia, igual que él. Apenas tocaba el acelerador y ya había avanzado tres cuadras. Justo cuando esperaba en el semáforo volteé hacia una de las tiendas de ropa, las luces en el interior eran cálidas y hacían lucir las prendas que exhibían. Eché un vistazo a mi imagen, estaba despeinada, desmaquillada y con ropa que parecía de oficina







