CRISTINE FERRERA
Era obvio que a los niños no les importó, ni siquiera prestaron atención a la lentitud de sus movimientos y como cada uno de sus músculos se tensaban, luciéndose como un maldito pavo real. Por inercia no pude evitar posar mis manos en mi vientre, reconociendo que este último tiempo, desde que me había hecho con la marca, me había descuidado, pero solo un poco, nada que algo de tiempo en el «gym» no arreglara.
—¡Wow! ¡Eliot es muy fuerte! —exclamó Leonardo sorprendido—. ¡Se par