ELIOT MAGNANI
No supe por cuantos minutos me quedé viendo fijamente a Cristine, pero era imposible apartar la vista de ella. No solo por cómo había dominado a esos tres latosos con mucha facilidad, sino que… se veía… tan… deseable.
Me quedé en completo silencio mientras mis ojos se paseaban entre sus largas y torneadas piernas, su estrecha cintura y su atractivo escote. Me sentí tentado a hincarme ante ella y besarla desde sus delicados tobillos de bailarina hasta sus pechos. Además, su aroma