CRISTINE FERRERA
—Es mi amigo, pero… bueno, soy más amigo del dinero —dijo ese maldito reportero que me había acosado en el desayuno en París.
Gracias a Brenda, quien ahora era mi asistente, había logrado contactarlo, necesitaba respuestas y sabía que él me las daría. Aunque en esa semana de la moda yo comencé a hacerme de un renombre, sabía que era demasiado pronto para estar en boca de todos. La fama no llega solo en una semana, así que lo cité en la cafetería frente al edificio donde vivía R