JIMENA RANGEL
La intrusión de ese par de abogados me sacó de mis cabales. ¿En verdad planeaban que dejara pasar lo que me había hecho ese doctor loco? ¡Nunca!
Desde la cama escuché una discusión ahogada por la puerta cerrada. Entonces se abrió, mostrándome de nuevo al hombre que los había sacado de la habitación. Inquieta, me reacomodé en la cama. Su actitud apenada y mirada cabizbaja me retorcía el corazón.
—Ya todo está bien. Ya se están haciendo cargo de ellos —dijo en un susurro, acercánd