DONNA CRUZ
Grité hasta quedarme muda, pateé las puertas y esa molesta rejilla que me separaba de Jerry. Él solo sonreía divertido y subió el volumen de la música para ignorarme.
—¡¿Qué piensas hacerme?! —grité con todas mis fuerzas, pegando mi rostro a la reja. En ese momento el auto aceleró, dando un fuerte arrancón que me lanzó contra el respaldo del asiento antes de frenar y que mi frente golpeara con fuerza la rejilla. De pronto el volumen bajó hasta que el silencio solo era perturbado por